¿Por qué quedarse con la boca cerrada?

Escrito por Yailén Fuentes

MúsicaCon los ajetreos que le impone a una mujer de estos tiempos la cotidianidad, Mercedes se despidió de su jornada laboral este lunes en la tarde para disponerse a su segunda faena, esa que no es remunerada económicamente ni conoce de días feriados o vacaciones: la de atender una casa, los hijos, el esposo.

Luego de la habitual agitación doméstica, que no es poca cosa, vio la telenovela cubana de turno y se fue a dormir. Pero, ¿conciliar el sueño? No le fue posible hasta bien entrada la madrugada, mejor dicho, hasta casi la hora de irse a trabajar; cuando el “musicón” proveniente de casa de un vecino finalmente dejó de atormentar a todos.

Casi hizo magia para mitigar el ruido y aprovechar sus tan anheladas y escasas horas de sueño, mas fue en vano, la música logró colarse por los más recónditos lugares.

A pesar de tener todo el derecho a reclamar, no pronunció palabra, porque a fin de cuentas no era de su incumbencia la celebración ajena, ya que cada quien hace lo que le plazca dentro de su propia casa, incluso “tirarla por la ventana” y de paso alterar el orden y la tranquilidad del barrio.

Como ella, muchos cubanos piensan así, y son incapaces de tomar alguna medida al respecto, o al menos denunciarlo a quien “se supone” debería hacer algo. Lo cierto es que esa libertad, no nos da el derecho  de afectar el descaso de los que nos rodean.

Desde hace algún tiempo este tipo de celebraciones están permitidas sólo hasta la medianoche, excepto los fines de semana en los que extiende hasta alrededor de la una de la madrugada.

El ruido además de molesto es perjudicial, no en vano es considerado un contaminante más. Puede provocar lesiones auditivas severas, dilatación de las pupilas, entre otras afecciones; sin restarle importancia el temible insomnio.

Se impone entonces la reflexión acerca de un tema que no por común deja de ser medular. Seguramente, y sin temor a equivocarme, más de una Mercedes se han visto en una situación similar, y esto solo nos deja pensar: ¿quién se encarga de hacer cumplir las normas en una comunidad?,  ¿se trata de un problema de nadie?, ¿o es asunto de todos?

Lo correcto es cumplir y hacer cumplir lo establecido, para que el respeto, la disciplina, y las más elementales reglas de cortesía y conducta  social primen en cada uno de nuestros barrios.

 

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