El alma del periodismo

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Aquella noche puse a reposar mi cuerpo con la certeza de que cientos de pensamientos no iban a darle descanso a mi mente, o espacio al estado de sueño. Pensaba que finalmente podría conocer a los maestros y periodistas de tantas generaciones.

Para mí no eran desconocidos o ajenos, sino rostros, manos y palabras que había construido desde el primer año de la carrera. Desde entonces, cuando realicé mi primer audiovisual investigativo sobre el surgimiento de los estudios de periodismo en Cuba y su incorporación en la Universidad de Oriente, me acerqué a ellos.

El profesor Vicente Guasch fue el primero que me enseñó a leer la realidad con un séptimo sentido, a comprender la esencia de los hechos más allá de lo que todos dicen y repiten, a teorizar con la práctica y a practicar con la teoría, y a expresarme o saber cuándo callar, sin decir mentiras.

Tener a tantos seres humanos preciados para mí en un local de la Universidad de Oriente, seguramente sería un hecho irrepetible y único. El salón estaba repleto de estudiantes y educadores de los departamentos de Periodismo y Comunicación Social en la universidad.

Definitivamente las mejores decisiones son las que se toman inconscientemente. De esa forma el asiento que escogí en segunda fila, era el mejor sitio para disfrutar la cercanía de tal acontecimiento.

Flores, diplomas, más reconocimientos tangibles fueron entregados por la entrega y consagración a la profesión. Así mis compañeros y yo vimos a la profe Daynet Castañeda ruborizarse entre chiflidos, consignas y aplausos, y al profe Víctor Hugo no ofrecer un delicioso discurso, porque las palabras fueron exaltadas por su sencillez y modestia.

Había un señor en la penúltima fila en absoluto silencio y reflexión, como si quisiera guardarlo todo en sus recuerdos con sumo cuidado. Cada palabra, cada emoción, cada rostro e ínfimo detalle. Nada dijo, nada calló.

Cuando supe que era César Lechuga Otero no pude evitar seguir el gesto de la profe Yamile Haber. Todo quedó en pie, desde el más caído de los ánimos, hasta la mínima partícula que flotaba en el aire.

El director de la Unión de Periodistas de Cuba, a pesar del acecho de las cámaras, grabadores, celulares, y demás dispositivos o tecnologías que apuntan, nos planteó el sentido por el cual ejercemos este trabajo en millones de lugares hacia donde nos movilizamos al día, y no en un quirófano.

La verdad está en cada uno de nosotros, en lo que cada uno pueda ser capaz de cambiar para demostrarse que ha crecido tres centímetros de utilidad para la sociedad y para sí mismo.

En el curso 2019-2020, cuando la carrera de Periodismo cumple medio siglo, ya estaré graduada. Hasta entonces definitivamente me seguiré formando para ser una profesional que cumpla con los consejos del alma del periodismo.

Escrito por Milagros Alonso Pérez

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