14 de febrero, algo más que un regalo

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Jorge la ama, y aunque sabía que lo que buscaba esa tarde se quedaría “corto” ante lo que siente por Leila, decidió invertir dinero y tiempo en aquella búsqueda, dispuesto a ser víctima de los elevados precios, la escasa variedad de ofertas y otros demonios que se interponen, cada 14 de febrero, entre un enamorado y el regalo a su otra mitad.

Similar episodio se reproduce para no pocos cubanos y es que, tal vez, a Romeo y Julieta les hubiera bastado una noche de caricias y poemas en su tiempo, pero en pleno siglo XXI quien sabe si los personajes de Shakespeare también hubieran sido víctimas de la tradición y el jugoso negocio comercial del decimocuarto día de febrero.

El amor, tan definido y redefinido en canciones y poemas, parece tomar una nueva dimensión ante los vicios del mercado. Hoy, por mucho que nos pese a quienes todavía creemos que es una cosa de almas, miradas y abrazos que hablan, hay más de uno que asocia la grandeza del sentimiento con el precio de un regalo.

Las tradiciones siempre nos contagian, y como estas, cargan muchos méritos, sobre todo cuando alimentan el espíritu de diversas maneras, más con el peso de historias tan interesantes como esas del cura Valentín que desafió las leyes para que el amor triunfara con la unión matrimonial formal. Aun así, es bueno ver hasta dónde cedemos y que al interior del ser humano, no adquiera valor lo banal por encima de lo que espiritualmente merece mayor escaño.

Tal vez las estrategias del mercado le hagan dura competencia a las iniciativas que, con nuestras propias manos, muchas veces intentan concebir un detalle interesante para el momento, pero siempre la pericia, el esfuerzo y la historia que lleva implícito lo que ese día regalamos, tiene un elevada factura que por fortuna todavía algunos, me atrevo a decir, valoran.

Los cubanos el 14 de ferebro siempre luchan por superarse, desde la picardía para lograr reservar en algún club, hasta las más inimaginables proezas por conseguir un perfume, contando ¿por qué no? el regaño matutino de la vecina que a plena mañana, le reprendió por arrancar la orquídea que tanto demoró en florecer. A veces experiencias como esas quedan ocultas y elevan si darnos cuenta la tarifa del un simple obsequio.

Y es que amor es algo más que una fecha, tradiciones, y aunque el día merezca el mayor de los esfuerzo por hacer sentir bien a la otra persona, en la medida de las posibilidades, siempre se amoldará al sello particular de cada quien, a los gustos, a la individualidad, desde el lugar elegido para cenar o hasta el género de la canción que podrías dedicar.

Lo cierto es que no podemos despegarnos de la tradición, esa que a algunos los convida a compartir un día de relación con mayor intensidad que los demás, pero para otros puede ser tan común como el resto, porque conciben que no existe una fecha propicia para demostrar a la pareja lo que sientes por ella, sin más oportunidad que el comienzo de otra hora, que alimenta el tiempo de la relación.

Sin dudas será otro día para vivir, amar y ser amado. Algunos lo harán desde la distancia, para otros será una batalla contra la nostalgia en una ocasión donde ese adversario se fortalece, a los solteros tal vez les toque enfrentar los recuerdos, pero incluso es probable que desde la memoria el amor pueda hacer visitas. Lo cierto es que el día ha llegado ¿y entonces?

Escrito por Arturo Machirán Reyes

Tomado de Venceremos

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