Venezuela ¿en guerra?

La matriz de opinión contra los CLAP alega que estos quitan la comida del pueblo. | Foto: teleSUR
La matriz de opinión contra los CLAP alega que estos quitan la comida del pueblo. | Foto: teleSUR

Hoy vivimos en una sociedad de la información. Un mundo cada vez más interconectado, en el que las tecnologías y los mass media juegan un papel fundamental. Hoy más que nunca se refuerza aquel axioma de que el periodismo es el cuarto poder. Desde hace algunos años vemos como los medios participan activamente y en muchos casos toman un papel protagónico en campañas mediáticas que buscan reforzar un clima de desconfianza y desaprobación sobre todo ápice de progreso en América Latina y en el mundo.

Este es el caso particular de Venezuela, un país que actualmente se enfrenta a una de las guerras mediáticas más feroces e indignas de los últimos tiempos. Una guerra mediática que inició en Venezuela desde la llegada de Chávez al poder y que se acrecentó cuando este asumió el socialismo del siglo XXI como propuesta política. A partir de ahí se activó la maquinaria y los medios oligárquicos venezolanos acompañados por los latifundios mediáticos más connotados a nivel internacional se dedicaron a hacer lo imposible por desmontar esa posibilidad.

Poco después de la muerte del Comandante Chávez, la campaña por la destrucción del liderazgo chavista tendría otros medios corporativos fundamentalmente medios internacionales, en la primera línea de fuego y a otras figuras representativas como objetivo prioritario.

A partir del 12 de febrero de 2014, nuevamente entró en acción la maquinaria mediática, esta vez con más fuerza. Desde ese día comenzaron las guarimbas en algunos municipios donde la derecha cuenta con el apoyo de los alcaldes. La violencia de la oposición fue tomando las calles y las avenidas de esos municipios: asesinatos, vehículos incendiados, motorizados degollados, instituciones públicas saqueadas, universidades y bibliotecas quemadas, todo un plan orquestado para provocar una acción represiva que permitiera tumbar el gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

Mientras todo esto pasaba, los medios de comunicación hablaban de la represión del Gobierno, de la violación de los derechos humanos y, por las redes sociales podíamos observar también la manipulación de fotografías de manifestaciones en otros países, publicadas como si los hechos hubiesen acaecido en Venezuela, poniendo de manifiesto el engranaje del capitalismo nacional con los medios internacionales. Los medios al servicio de potencias hegemónicas, todos contra la democracia socialista venezolana, publicaban diariamente noticias para des-informar acerca de la situación en Venezuela.

Actualmente el gobierno de Maduro, es víctima directa de una guerra mediática sin cuartel, en la que la mentira, la manipulación y los falsos positivos confunden los preceptos de la tan ponderada pero también vilipendiada libertad de expresión, para convertir el día a día en un circo mediático que justifique las acciones injerencistas promovidas desde Washington y alentadas por la servil oposición venezolana, que solo quiere ver satisfechos sus intereses oligárquicos.

La prensa internacional específicamente la española, es una de las que recientemente ha estado a la cabeza de este ataque contra la nación suramericana dando cobertura diaria y permanente sobre la situación en Venezuela, pareciendo olvidar la propia situación que vive el país ibérico, que no atraviesa por sus mejores momentos. Algunos analistas internacionales como José Antonio Egido plantean que el ataque incesante contra Venezuela busca ocultar los graves problemas sociales de España y el fracaso político del Gobierno de Mariano Rajoy con el objetivo claro de convertir a la nación bolivariana en un enemigo internacional. Todo esto se inserta dentro de la conveniente estrategia desestabilizadora trazada por los EEUU, el pentágono y la derecha latinoamericana contra los estados progresistas en la región.

Es importante destacar que detrás del sesgo mediático de los diarios españoles en su cobertura sobre Venezuela se esconden los intereses comerciales y políticos de sus dueños. Por solo citar un ejemplo, el País, el diario español no deportivo con mayor tirada es propiedad del Grupo Prisa, el holding mediático que ocupa el primer puesto en España en comunicación, educación, cultura y entretenimiento.

Quienes atacan a Venezuela insistentemente no son un grupo de periodistas que realmente les preocupa la situación en el país, sino los aparatos de propaganda de grandes empresarios, bancos y corporaciones financieras: los verdaderamente preocupados en que un cambio político en Venezuela, así sea por la vía de la intervención internacional, les registre los beneficios económicos que a lo largo de 17 años el chavismo les ha negado. Todos estos medios tocan tres puntos fundamentales del relato contra Venezuela: “Crisis humanitaria”, “Estado fallido”, “Intervención internacional”.

Los ejes discursivos de “crisis humanitaria” y “Estado fallido o forajido” son los más importantes a la hora global de hablar sobre Venezuela. La demonización del chavismo desde todos los frentes, mientras se dinamizan los demás escenarios de guerra, con especial énfasis en tirarle directamente a los cabecillas del chavismo como lo son Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Tareck El Aissami, ubicándolos como responsables de la compleja situación que atraviesa el país.

Esta intensiva campaña mediática en contra del país tiene varios objetivos que esperan ser consumados con celeridad: programar la opinión pública mundial en contra del chavismo en su conjunto como fuerza política, allanar el terreno perceptivo que justifique la generación de caos interno y la violencia declarativa de altos operadores de la política mundial e intentar moldear la política exterior de los gobiernos de la región para que se incluyan en esta ofensiva que busca, sobre todo, restarle capacidad de maniobra geopolítica e internacional al país. La estrategia de “cerco y asfixia” no tiene sentido si su vanguardia no son los aparatos de propaganda de los poderes financieros más importantes del planeta.

Al final del día, el resultado de esta ofensiva mediática por la intervención en Venezuela tiene como resultado que cada vez que se coloca en un buscador de Google la palabra “chavismo”, “Nicolás Maduro”, o cada vez que alguien compra la prensa y prende la televisión para informarse de lo “que pasa” en el país, sea desde Estados Unidos, España, Europa o el resto de los países de la región, siempre exista una opinión tan negativa y criminal sobre el chavismo que termina convirtiéndose en una necesidad cualquier operación en su contra, por más salvaje y agresiva que sea.

Construir un discurso global en contra del chavismo y promover la intervención internacional en Venezuela como única vía para que el país salga de la crisis que generó la misma casta empresarial que se hace llamar oposición, ya es en sí mismo un acto de guerra. Acto de guerra, que contrario al análisis convencional expresado por académicos y estafadores de la palabra, es capitaneada por actores privados que sólo responden a sus intereses económicos y empresariales y no a Estados o gobiernos.

Escrito por Santiago Jerez Mustelier

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